Mi práctica está basada en el enfoque de Salud en Todas las Tallas.

Esto significa que en mi consulta promuevo:

  • Inclusividad de pesos: ofrezco el mismo trato, humano, digno, respetuoso, a todas las personas sin importar el tamaño de tu cuerpo. No prescribo pérdida de peso. Honro tu autonomía corporal y las prioridades que tú elijas para tu salud y bienestar. No asumo nada acerca de ti como persona, o de tus conductas o hábitos, con base en tu peso.
  • Neutralidad con respecto al peso: no estoy a favor ni en contra de la pérdida de peso, sino que confío en que tu cuerpo se encargará de la cuestión del peso cuando estés cultivando hábitos conscientes y sustentables que promuevan tu autocuidado y bienestar en diversas esferas: nutrición, movimiento, descanso, manejo de estrés, emociones, relaciones interpersonales.

Adicionalmente, reconozco que gran parte del estado de salud de una persona no depende de sus elecciones personales, sino de interacciones entre factores genéticos y determinantes sociales de salud.

En alineación con el paradigma de inclusividad de pesos y el enfoque de Salud en Todas las Tallas, yo deliberadamente evito utilizar los términos “sobrepeso” y “obesidad” para referirme al tamaño de una persona. Cuando lo hago, utilizo comillas para denotar que estoy desafiando el constructo y al mismo tiempo refiriéndome a una categoría en función del IMC. Etimológicamente, la palabra “sobrepeso” implica que todas las personas deberían existir debajo de una línea definida de manera arbitraria (y por cierto involucrando intereses económicos de la industria farmacéutica y de la industria de dietas), o que todas las personas por encima de esa línea arbitraria están enfermas o vivirán menos (lo cual no está respaldado por la ciencia). Y la palabra “obesidad” implica que un cuerpo gordo es consecuencia de comer en exceso, lo cual no se sostiene con la evidencia. Y en palabras de Lucy Aphramor, rechazo los términos “sobrepeso” y “obesidad” porque “No estoy trabajando por un mundo sin gente gorda. Estoy trabajando por un mundo con una diversidad de cuerpos, en donde a nadie se le priva de comida, compañía o dignidad – o cuidado de salud equitativo.”

Incluyo dichos términos, entre comillas, en la lista de cosas con las que puedo ayudar a las personas porque muchas, en el contexto en el que practico, todavía no están familiarizadas con un foco inclusivo con respecto al peso o de Salud en Todas las Tallas y, a pesar de que están cansadas de ser avergonzadas o culpadas por el tamaño de sus cuerpos, siguen creyendo que tienen la condición médica o diagnóstico que les ha sido dados por alguien que no ha revisado la evidencia de manera crítica. Si es tu caso, quiero que sepas que tu cuerpo no es un problema que corregir, y que hay una forma amable y compasiva de cultivar autocuidado que no depende de tu peso. Esto incluye escenarios en los que hayas sido diagnosticadx con prediabetes, diabetes o síndrome metabólico. Desde el enfoque de HAES, juntxs podemos implementar cambios y conductas que te permitirán cuidar de ti y lograr una mejor salud metabólica y cardiovascular independientemente de tu peso.

A continuación puedes leer un poco más al respecto, y al final de esta página te comparto una lista de referencias por si te interesa aprender más.

 

Paradigma centrado en el peso vs. paradigma inclusivo con respecto al peso

El enfoque normativo con respecto al peso (paradigma centrado en el peso) es actualmente el paradigma dominante en entornos de cuidado de la salud. La mayoría de los profesionales de salud – particularmente lxs médicxs - se basan en este paradigma, que define el “sobrepeso” y la “obesidad” utilizando principalmente parámetros de índice de masa corporal (IMC) y en ocasiones porcentaje de grasa corporal y asume que dichas categorías son representativas de estados patológicos (enfermedad). En consecuencia, típicamente prescribe pérdida de peso en el interés de mantener lo que es comúnmente aceptado como peso “saludable”. En este paradigma, las bases para las intervenciones incluyen reducción de calorías e incremento en la actividad física.

Sin embargo, el paradigma dominante es ineficaz y se contrapone a los principios éticos de benevolencia y no malevolencia - no produce pérdida de peso sustentable para la mayoría de las personas, y paradójicamente produce aumento de peso basal a largo plazo; y no necesariamente resulta en mejores desenlaces de salud. Causa además daños significativos a la salud: desarrollo de trastornos de alimentación o patrones de alimentación desordenados, pérdida y aumento del peso cíclicos, aumento en la insatisfacción con el cuerpo, baja autoestima, depresión, ansiedad, desconexión del cuerpo, distracción de otras áreas importantes de la vida, menor calidad de la alimentación, menor absorción de nutrientes, aumento en el peso basal, mayor riesgo de mortalidad a largo plazo y mayor riesgo metabólico como efecto de los cambios cíclicos en el peso. Adicionalmente, al utilizar los términos “sobrepeso” y “obesidad”, automáticamente se diagnostica a las personas gordas como enfermas y con el cuerpo equivocado, lo cual vincula de manera irrevocable la forma y tamaño físico de una persona con enfermedad. Esto crea un mundo en el que ninguna persona gorda puede existir fuera de una referencia médica que la etiqueta como defectuosa. Inherentemente, el diagnóstico de “sobrepeso” asume que todas las personas pueden y deberían ser delgadas. Estos términos construyen categorías que ratifican un modelo de salud en el que el IMC se asume como indicador confiable de salud individual, y se considera en gran medida como algo que está dentro del control de una persona (un poquito de historia acerca de este indicador: el IMC no fue creado con la intención de diagnosticar el estado de salud de una persona, ni de determinar la composición corporal, sino para describir la curva de distribución de pesos en una población, es decir, con fines estadísticos).

Existe otro paradigma con evidencia sólida que respalda su eficacia: el paradigma de inclusividad de pesos, que evita la utilización del peso como parámetro de salud. Desde este paradigma se reconocen las limitaciones y desventajas de utilizar el IMC como indicador del estado de salud de una persona y se desafía la idea de que los cuerpos delgados son cuerpos más sanos, para utilizar un lente más amplio en la evaluación de salud y bienestar global, tomando en cuenta las necesidades físicas, psicológicas, relacionales y espirituales de una persona. Un enfoque inclusivo con respecto al peso busca erradicar prácticas iatrogénicas basadas en el peso dentro del entorno de salud y poner fin a la estigmatización de los problemas de salud (salutismo).

 

Los principios del paradigma inclusivo con respecto al peso

  • No hacer daño.
  • Apreciar que los cuerpos vienen naturalmente en una diversidad de formas y tamaños y asegurar que todas las personas, sin importar su peso, reciban acceso al cuidado de la salud y bienestar.
  • Puesto que la salud es multidimensional, mantener un foco holístico, es decir, evaluar una diversidad de índices de salud conductuales y modificables, en vez de un foco dominante en el peso / pérdida de peso.
  • Alentar un foco en el proceso (y no en desenlaces) para la calidad de vida cotidiana, tomando en cuenta que el bienestar es dinámico y hacer ajustes continuos.
  • Evaluar críticamente la evidencia empírica existente en torno al peso y los métodos de tratamiento centrados en el peso.
  • Crear prácticas individualizadas y ambientes sustentables.
  • Trabajar para incrementar acceso a la salud, autonomía y justicia social para personas en todo el espectro de peso, confiando en que las personas cultivan mayor salud cuando tienen acceso a oportunidades de cuidado de la salud libres de estigma.

 

El enfoque de salud en todas las tallas

Uno de los modelos que surgen del paradigma de inclusividad de pesos es el enfoque de Salud en Todas las Tallas (Health at Every Size® o HAES® por sus siglas en inglés - Health at Every Size y HAES son marcas registradas de la Association for Size Diversity and Health).

La principal  intención de HAES es apoyar conductas relacionadas con salud y promover autocuidado en personas de todas las tallas sin utilizar el peso como mediador; la pérdida de peso puede o no ser un efecto secundario.

HAES está emergiendo como práctica estándar en el ámbito de trastornos alimentarios y práctica crítica. Las siguientes asociaciones apoyan explícitamente este enfoque: Academy of Eating Disorders, Binge Eating Disorder Association, Eating Disorder Coalition, International Association for Eating Disorder Professionals y National Eating Disorder Association.

HAES incluye los siguientes componentes:

  • Respeto
    • Celebra la diversidad de cuerpos
    • Honra las diferencias en tamaño, edad, raza, género, (dis)capacidad, orientación sexual y otros atributos humanos.
  • Conciencia crítica
    • Desafía los supuestos científicos y culturales
    • Valora el conocimiento que surge de la corporalidad y las experiencias vividas
  • Autocuidado compasivo
    • Descubrir el gozo de mover el cuerpo y estar físicamente activo
    • Comer de una forma flexible y en sintonía con las señales corporales que valora el placer y honra las señales internas de hambre, saciedad y apetito, al mismo tiempo que respeta las condiciones sociales que acotan las elecciones alimentarias

  

Los principios del enfoque de HAES son:

  1. Inclusividad en torno al Peso: Aceptar y respetar la inherente diversidad de formas y tamaños corporales y rechazar la idealización o patologización de pesos específicos
  2. Realzar la Salud: Apoyar políticas de salud que mejoran y hacen equitativo el acceso a la información y servicios y prácticas personales que mejoran el bienestar humano, incluyendo atención a las necesidades individuales físicas, económicas, sociales, espirituales, emocionales, etc.
  3. Cuidado Respetuoso: Reconocer nuestros sesgos y trabajar para poner fin a la discriminación por el peso, el estigma y el sesgo en torno al peso. Proporcionar información y servicios desde una comprensión de que el estatus socioeconómico, la raza, el género, la orientación sexual, la edad y otras identidades en intersección tienen un impacto en el estigma en torno al peso, y apoyar entornos que aborden estas inequidades.
  4. Comer para el Bienestar: Promover alimentación flexible, individualizada, basada en el hambre, la saciedad, las necesidades nutricionales y el placer, en vez de cualquier plan alimentario regulado de manera externa enfocado en el control de peso.
  5. Movimiento que Realza la Vida: Apoyar actividades físicas que permiten a personas de todas las tallas, capacidades e intereses involucrarse en movimiento disfrutable, al grado al que elijan.

Desde el enfoque de HAES:

  • Desafiamos los ideales de apariencia y promovemos la liberación de experiencias de culpa y vergüenza en torno al tamaño de tu cuerpo;
  • Combatimos la insatisfacción acerca de tu cuerpo y la mentalidad de dieta;
  • Dirigimos la atención a lo que está pasando dentro de tu cuerpo y en tu experiencia vivida en vez de criticar tu apariencia;
  • Arraigamos las prácticas de salud en autocuidado sustentable desde una postura de respeto por el cuerpo;
  • Exploramos si hay una conexión entre conductas alimentarias alteradas y regulación emocional;
  • Adoptamos un enfoque holístico a la salud que incluye aspectos físicos (entre ellos metabólicos y cardiovasculares), emocionales, nutricionales, sociales y espirituales;
  • Abandonamos el pensamiento dicotómico acerca de alimentos “buenos” y “malos” y la moralidad alrededor de la restricción alimentaria;
  • Trabajamos en redescubrir y honrar las señales de hambre y saciedad;
  • Exploramos cómo distintos alimentos afectan a tu cuerpo.

 

Qué significa esto para ti en el contexto clínico

Al trabajar con unx profesional de salud que trabaja con base en el enfoque de HAES, tú como paciente nunca serás juzgadx ni se te pedirá cambiar la forma o tamaño de tu cuerpo, y no serás pesadx durante las consultas a menos que sea médicamente necesario. Te encontrarás con que eres atendidx de forma integral por alguien que genuinamente desea entender y abordar todos los factores que podrían estar afectando tu salud de manera global, incluyendo los físicos, económicos, sociales, emocionales y espirituales.

El peso no es una conducta, y toda la evidencia de la ciencia de la motivación y el cambio demuestra que centrarnos en el peso se asocia con pobre motivación, altas tasas de abandono de cualquier intervención, conductas alimentarias de riesgo y vergüenza corporal, que empeoran la calidad de vida, la eficacia personal y el autocuidado. Esto inevitablemente resulta en pobre apego a hábitos que promueven salud.

Por otra parte, de solo ver el tamaño del cuerpo de alguien (delgado o gordo) no podemos hacer ninguna inferencia certera acerca de su estado de salud (cardiovascular, metabólica, mental, etc.). Y hay personas con problemas de salud o mayor riesgo de desarrollar ciertas enfermedades en todos los pesos. Conozco bien la ciencia, y no niego la correlación estadística entre IMC y ciertas condiciones de salud; lo que pongo en duda con base en una revisión crítica de la literatura científica es que dicha correlación sea equivalente a causalidad. 

Cuando ponemos el peso en segundo término, podemos enfocarnos y dirigir nuestra energía a cultivar cambio de hábitos duradero y sustentable. Hábitos que, por sí solos, independientemente de si hay un cambio en el peso o no, mejoran la salud y el bienestar y reducen el riesgo metabólico y cardiovascular.

Y este cambio de hábitos beneficia a TODAS las personas en TODOS los pesos. No garantiza salud para nadie (no conozco ninguna intervención ni elección de estilo de vida que ofrezca garantía firmada de salud por el resto de nuestros días), pero sí incrementa la eficacia personal, la calidad de vida y el pequeñito porcentaje de nuestra salud que depende de conductas de autocuidado (que el resto está determinado por genética, ambiente y determinantes sociales de salud).

 

Referencias:

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